lunes, 6 de agosto de 2018

"Hacer República", nuevo artículo de Julio Anguita en El Economista

Fuente: El Economista.
3 de agosto de 2018 
 



Para desgracia de la inmensa mayoría de españoles, el horizonte de la actividad política actual no va más allá de los eventos electorales periódicos. La ausencia de reflexión –y aún de curiosidad– por los problemas de fondo que van anunciando un futuro incierto, son la señal de que la Política, entendida también como análisis y acción encaminada a buscar respuestas a lo venidero, está ausente.  Y los asuntos siguen ahí, anunciando cada día perspectivas más que sombrías: UE, inmigraciones, paro estructural, juventud sin proyecto económico, social y de vida al que sumarse, inexistencia de un tejido productivo sólido diversificado y coronando la incertidumbre, una evidencia: el régimen del 78 es incapaz de regenerar ni regenerarse. Y de todo ello surge la pregunta clave ¿Qué España, cuando se derrumbe el edificio carcomido de la Transición y con él la monarquía que lo sustenta?

Creo que desde ya, fuerzas políticas y sociales, colectivos de diversa índole, intelectuales y aquella parte de la ciudadanía que intuye el fin de una época y por otra parte no atisba ni siquiera el embrión de un proyecto alternativo, debieran enfrentarse a la cuestión de diseñar, concebir y extender el modelo de III República Española. Este es, a mi juicio, el gran debate que estos tiempos necesitan porque es la llave de los otros.

Y lo primero que el republicanismo existente hoy debe asumir, si quiere que la propuesta motive, galvanice voluntades y aportaciones es abandonar la idea de que la III República Española es la continuidad de la que fue debelada por el fascismo. El republicanismo que aspire a crear un Estado de nuevo cuño no puede ser visto como la exclusiva exhibición del tremolar de la bandera tricolor o las añoranzas de épocas que sin duda tuvieron su épica y dejaron una herencia a tener en cuenta, pero que ya no pueden constituirse como modelo a reimplantar.

La comodidad o la pereza intelectual de volver al pasado no puede ser el motor de una nueva época. La República no es exclusivamente una forma de Estado, ni siquiera es lo más fundamental. La República implica un edifico político construido democráticamente en el que la Ley se cumpla para todos sin excepciones. La República será tal si garantiza derechos y exige deberes, aplica la separación de poderes, impulsa y premia la ética pública, procura que la expresión de la voluntad popular sea la más exacta posible, educa en valores, construye un Estado laico y establece un marco legal, cultural y de responsabilidad ciudadana en el que las tensiones inherentes a la vida social puedan resolverse bajo el exclusivo imperio del Derecho

La República no viene sola, se construye y se implanta.

1 comentario:

JOSE LUIS PEREZ LUJAN dijo...

La República implica un edifico político construido democráticamente en el que la Ley se cumpla para todos sin excepciones. La República será tal si garantiza derechos y exige deberes, aplica la separación de poderes, impulsa y premia la ética pública, procura que la expresión de la voluntad popular sea la más exacta posible, educa en valores, construye un Estado laico y establece un marco legal, cultural y de responsabilidad ciudadana en el que las tensiones inherentes a la vida social puedan resolverse bajo el exclusivo imperio del Derecho
Si en vez de República ponemos otro nombre también valdría. ¿O no? Y si fuera posible que al final en vez de tener un Rey no tengamos un Presidente de Estado como Trump.