domingo, 8 de marzo de 2020

El Virus de la Corona


Manuel Delgado Milán

    En la necesidad absoluta de poner negro sobre blanco todo la negrura de la corrupción Real, está la primera y principal muestra de qué sociedad, qué salud democrática, qué valores nos mueven y, por consiguiente, qué podemos esperar del futuro.
     No hay salida a enfrentar está vez a una disyuntiva que va mucho más allá de nuestras ideas sobre monarquía o República. No se puede tapar lo evidente, ya no vale salvarse con un "lo siento, no volverá a ocurrir". Los telediarios lo intentan con 20 minutos de datos médicos sobre el coronavirus, pasando de puntillas sobre lo que en cualquier país democrático sería el escándalo del siglo; sobre una corrupción de siglos de una ralea de sátrapas.
     Una abdicación a tiempo, un hijo en su puesto, una ley de sucesión con nuevos privilegios no puede cubrir una epidemia que nos pudre a todos, a las instituciones y a la sociedad de arriba a abajo. Cualquier medicina a ese mal es inocua sin abrir el foco de infección, sin sanar de dentro afuera con potentes desinfectantes y antibióticos de amplio espectro.
     Las noticias sabidas que ahora nos llegan de Suiza, Panamá o Barbados, hace tiempo que eran moneda común en la corte. El silencio impuesto, la sordina de hoy, no ha impedido, no impedirá mañana, que las vergüenzas monárquicas nos desnuden a todos. Es un test para el gobierno, sabremos qué PSOE tenemos hoy. Ya veremos en breve si ha habido una ruptura suficiente con el felipismo que ha tapado la ciénaga Real durante más de cuarenta años. Recordad que el ciego sabía que el Lazarillo que se las comía de tres en tres.

    Tenemos incrustado en las altas esferas políticas un corona-virus, el virus de la corona, que viene siendo combatido con tapado de alfombras cada vez más grandes, como la fortuna real del rey padre, que heredará el rey hijo, porque en la herencia se basa la monarquía, y este galgo no puede negar su casta.
     No esperemos que Felipe el Borbón, no borbonee. Se juega su herencia. Son más miles que cientos de millones de euros. Confía y cree que su corona no peligra porque hay mucha gente poderosa con mucho que callar y le arropará entre algodones.
     La sociedad heredó el virus del miedo, y millones nutrieron sus cerebros con los colorines brillantes del Hola. Pensar es trabajoso y después de tanto buscar las habichuelas salvando el fin de mes, qué mejor que un Sálvame, de braguetas o de pelotas... de fútbol. Perdonad que no sepa qué     programa deportivo es ahora el top.
     Sé que proteger al emérito, si se logra, se llevará por delante la credibilidad de la Justicia (tan precaria ella) del Congreso unidos PP y PSOE, por el rey. Abascal, ya se sabe, ¡¡viva el rey!!. Depende casi todo de Sánchez, pero Sánchez depende de Pablo. Y los dos de ERC. Juega PNV y juega Pujol, en esta partida. Así están las cosas.
Sánchez tiene que decidir si salva su gobierno, incómodo, pero con mucho que hacer por España (si demuestra ser el líder que rompa las amarras con el régimen de la España monárquica) o salva al Emérito, y con él la monarquía.
    Sabemos que el régimen se decide hoy en una Comisión de Investigación, y que a Pedro ya le tiemblan las piernas. Ni Pablo puede sostenerlo en esa decisión. Aún así dejaría al nacionalismo vasco y catalán con las mejores cartas en la baza final. Mejor no pensar en, hasta ayer, imposibles cambios de cromos. Recordemos las amenazas de Pujol, que sigue libre e inmune. Podemos ver a PP, y PSOE, vigilados por VOX, decidiendo si salvan al rey o permiten un referéndum, y/u otras “cosillas”.
     La monarquía debe estar decidiendo si puede sobrevivir dejando que se limpie la corrupción, venga de donde viene, o si es mejor resistir. Decidirá que es posible seguir esperando que la gente no quiera verla. Mirando las encuestas se decidirán muchas cosas.
Las encuestas se cambian con miedo, y distracciones, depende de cada uno lo que quiera saber, lo que quiera temer. El futuro de toda la gente depende de que cada quien calle o hable; de lo que nuestros actos decidamos, en conciencia, o a ciegas.


Porque hay mucho en juego, porque la monarquía no se puede llevar la democracia por delante, aquí tiene a uno que no puede, que no se va a callar.
Comparte, si no quieres ni puedes callar.

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