domingo, 11 de abril de 2021

La batalla electoral en Madrid: ¿creyentes contra ateos e infieles?

Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, en un colegio

Antonio Gómez Movellán. Presidente de Europa Laica


En España los bloques socio religiosos, en materia política, no han estado, en las últimas décadas, excesivamente polarizados ya que la mayoría de la población se declaraba, hasta bien entrados los años 90, católicos en un 80%. Es cierto que durante todo el siglo XIX y principios el siglo XX la religión y la política estaba muy relacionado, pero era más un aspecto relacionado con la aspiración social de la libertad de conciencia, el laicismo y la república como forma de gobierno en un país con un atraso finisecular e intolerante en materia de convicciones, donde la única religión posible era el catolicismo.

En la democracia, tras 40 años de nacionalcatolicismo, los partidos mayoritarios e incluso los minoritarios, se adaptaron a la sociología religiosa y obviaron entrar en conflicto con la Iglesia católica en asuntos tales como el divorcio, el aborto, la escuela católica etc. y mantuvieron, y aún mantienen, a la religión católica como la religión semioficial del Estado (financiando el clero y las escuelas católicas y manteniendo muchos privilegios); incluso el Partido Comunista estuvo décadas sin cuestionar el vergonzoso concordato con la Santa Sede de 1979 y solamente en el año 1994, Izquierda Unida fue el primer partido político que planteó un programa laicista en unas elecciones.

En la actualidad, el universo de las creencias religiosos se ha transformado y es muy diverso siendo la fractura más radical entre los agnósticos, indiferentes y ateos y aquellos que se declaran católicos practicantes. Después hay una variada gama difusa entre los que son católicos nominales o no practicante, incluyendo los practicantes de otras religiones-que siempre queda muy su representado en las encuestas-. En la reciente encuesta realizada por el CIS sobre las perspectivas electorales para la contienda electoral del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid se ha dado mucha importancia al análisis de la religión y de este análisis podremos sacar algunas conclusiones.

La encuesta se realizó a 4.200 personas en 131 Municipios de la Comunidad de Madrid. De entre ellas el grupo más numeroso es el de los ateos, agnósticos e indiferentes representando el 38,7% de la muestra, seguido del católico no practicante con un 38,5% y del católico practicante con un 18.2% y el de creyentes de otras religiones que apenas representa el 2,9%. Llama la atención que entre los católicos y creyentes de otras religiones solo un 20% declara que va varias veces, a lo largo del año, a oficios religiosos y el 60% dice no va nunca o casi nunca.

Es curioso abordar la religiosidad desde la perspectiva del nivel de estudios y es curioso comprobar que entre los que menos estudios tienen es donde existe mayor número de católicos practicantes y los agnósticos y ateos son más numerosos en el grupo que han estudiado Formación profesional seguido de los que han realizado estudios universitarios.

Los abstencionistas son más numerosos entre los indiferentes, agnósticos y ateos y en cambio los católicos practicantes votan prácticamente todos ya que solamente un 14% declara que no votan.

Ideológicamente el partido más confesionalmente católico es el PP con casi el 88% de sus votantes que dicen declararse católicos en sentido amplio, seguido de VOX (74%)-aunque este partido también tiene mucho descreído, cerca de un 22%-, Ciudadanos (61%), PSOE (55%), Mas Madrid (26%) y Unidas Podemos (19%).

El partido con más concentración de ateos y agnósticos es Unidas Podemos (75%) seguido de Mas Madrid (68%) y el PSOE (42%). El partido con menos ateos y agnósticos es el PP con apenas el 11% y seguido ya lejos de VOX (donde hay casi un 25% de agnósticos y ateos)

Los partidos que reciben el voto de los católicos son el PP, VOX, Ciudadanos y el PSOE y apenas reciben de esta categoría Mas Madrid y Unidas Podemos

De acuerdo con las preferencias de voto para las próximas elecciones, y si las personas votaran de acuerdo con su afinidad religiosa exclusivamente, podríamos extraer algunas conclusiones:

  • Ciudadanos y VOX quedarían fuera del parlamento regional ya que no lograrían el 5% de los votos.
  • El partido más votado sería el PP seguido del PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos.
  • Los católicos practicantes votarían casi todos al PP (52%) y algunos pocos al PSOE (10%)y los católicos no practicantes se los repartirían entre el PSOE (19%) y el PP (38%).
  • Los agnósticos y ateos son más plurales y se reparten por igual en todos los partidos políticos, aunque algunos partidos como Mas Madrid y Podemos, son votados casi exclusivamente por agnósticos y ateos.
  • Los católicos practicantes es el grupo más excluyente ideológicamente ya que vota en masa al PP y en cambio el grupo católico no practicante es más plural.

A pesar de la importancia numérica del grupo de indiferentes, agnósticos y ateos y de la diversidad de creencias, los partidos políticos en la Comunidad de Madrid, como en la mayoría de España, no recogen aspiraciones laicistas en sus programas electorales y de una u otra manera prefieren mantener un statu quo privilegiado con la Iglesia Católica y ello pese a que en los partidos más de la izquierda si existe una base electoral que aspira a un laicismo institucional.

Pero, incluso, en partidos como Podemos se cultiva, por ejemplo, la apología del Papa de Roma o de figuras tan controvertidas como el Padre Ángel y ello se hace para proyectar una calculada transversalidad, esperando inútilmente el voto católico y dar una imagen más moderada. Lo vimos con Manuela Carmena que fue una de las alcaldesas de Madrid que más asistió a oficios religiosos católicos y dio mucho dinero a obras "sociales", tan cuestionables, como las del Padre Ángel.

A nuestra Asociación, por ejemplo, jamás nos recibió, aunque nos justificó por escrito su confesionalismo católico arguyendo que gobernaba "para todos los madrileños". Pablo Iglesias o Alberto Garzón, cuando citan tanto al Papa Francisco, un personaje con verdaderas páginas negras en su currículo, lo hacen para buscar cierta legitimidad sacra a su programa político. El caso más paradigmático fue la concejala de Madrid Rita Maestre quien, siendo estudiante, de realizar una performance laicista en la capilla de la Complutense acabó, una vez concejal, pidiendo perdón y arrepintiéndose ante el mismísimo Cardenal Osoro y sacándose fotos con el opusino alcalde de Madrid delante de uno de los muchos belenes católicos que, en navidad, el Ayuntamiento instala por doquier.

¿Y la derecha? La derecha en Madrid es totalmente católica y pese a su declaración de liberalismo apoyan el confesionalismo católico y justifican su nauseabundo discurso sobre la libertad amparados en el privilegio de la escuela católica. Promueven abiertamente los hospitales y colegios católicos y riegan de dinero la caridad católica. ¿Y VOX? pese a que en sus filas militan algunos descreídos, la mayoría identifican a la nación con el catolicismo y reivindican hasta las cruzadas, insistiendo en discursos trasnochados antifeministas, homófobos y tránsfobos, amparándose en organizaciones ultracatólicas como Abogados Cristianos y Hazte Oír. Detrás de esta derecha católica, que se dice liberal (sic), está la COPE y la cadena Trece TV que azuza, con nuestros impuestos, el voto católico.

En estas lecciones existen un 20% de encuestados que todavía no han decido su voto, aunque la mayoría de los indecisos católicos practicantes parece que votarán a la derecha y el PSOE recibirá algunos votos de los católicos no practicantes indecisos.

Pero donde de verdad la izquierda se juega la victoria será entre los ateos y agnósticos que aún no han decidido a quien votar. Todo esto pone en evidencia que en España no existe un laicismo institucional y que las asociaciones que, desde la trinchera civil, reivindicamos el laicismo apenas somos consideradas y hasta resultamos incomodas.

España tendrá una democracia normal cuando el factor religioso no sea un factor tan polarizado electoralmente y para ello se requiere luchar por el laicismo, no solo en las campañas electorales, sino también cuando se está en el gobierno y cuando se está en la oposición. Hasta que la derecha y la izquierda acepten el laicismo como un valor indisociable de la democracia no viviremos en una democracia normal.

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