Remedios Copa
Colectivo Prometeo
Las batallas no solo se pierden cuando la contienda termina en una derrota; las peores derrotas no son las evidentes, las que se pierden tras una dura batalla, son aquellas que eluden la batalla cuando debiera darse.
Este tipo de batalla que permite al enemigo su avance hasta alcanzar los objetivos que persigue, aunque no derrame una gota de sangre visible para ello, tiene hoy un claro exponente en la situación de acoso y derribo que está padeciendo Cuba.
Entre las grandes batallas que está perdiendo la Humanidad por falta de ética, empatía y coraje tienen sus últimos exponentes en Gaza, sin olvidar que hay al menos otros siete genocidios actualmente en el mundo. Ahora le toca a Cuba, país del que el hegemón Trump afirmó en su día que el asedio al que tiene sometido al país caribeño le hará caer inexorablemente en poco tiempo, como fruta madura, en manos del poder norteamericano, so pena de morir de inanición.
El genocida Netanyahu, con el apoyo de su amigo y socio Trump, un indeseable saqueador que no puede dar lección alguna de moralidad en ningún orden de la vida, están poniendo el mundo patas arriba empleando la fuerza del matón, pisoteando toda norma que se oponga a sus intereses y saltándose el Derecho Internacional a la torera.
Si lo ocurrido en Gaza, Líbano e Irán, el secuestro del Presidente de Venezuela y el estrangulamiento de Cuba hasta llevarla al inexorable colapso, (y no olvidemos lo que está ocurriendo en África y de la mano que lo mece), si todo esto no ha sido motivo suficiente para provocar un movimiento de protesta y reacción internacional contundente y capaz de pararles los pies a los matones, ¿a qué esperamos?; ¿hace falta una invasión con montones de muertos a la puerta de nuestra casa?
El colapso inducido y acelerado de Cuba por parte de USA y sus lacayos es uno más de los que se están sumando a Sudán, Afganistan, Haití, y otros. Pero la mayoría de los Estados están mirando a otro lado, en una actitud de “sálvese quien pueda” y, mejor que colapsen ellos a que tengamos que colapsar nosotros. ¡Grave error!.
La tolerancia a la ignominia en país ajeno no nos va a salvar de ser víctimas de situaciones similares en el nuestro. El método del colapso semi-inducido se inaugura en Cuba, un país pequeño (no llegan a los 11 millones de habitantes, el 82,40% urbanos). Pero en el futuro se podría aplicar a otros con mucha más población y más víctimas.
Como dice Aurora Despierta, “Cuba está abocada definitivamente a un colapso en toda regla. ¿Cuándo ha ocurrido un caso así, sin estar en un contexto de guerra?. Que sea en gran parte inducido, por el bloqueo de otro Estado (EEUU), que no exista ningún país capaz de desafiar a Trump, ni siquiera Rusia (pese a haber enviado un barco con combustible) o la “socialista” (capitalista) China (enviando paneles de energía fotovoltaica, totalmente insuficientes), y que no haya ningún movimiento notable de solidaridad en el mundo, sienta un pésimo precedente, unido al genocida de Gaza (este por vía militar)”.
Y añade: “la pasividad mundial, apunta al peligro de que, extendiéndose el colapso, la tendencia de la gente sea la de “mejor que colapsen ellos y no nosotros, o al menos, antes que nosotros”. Y a que unos Estados se sirvan, de un modo u otro (acaparamiento; negar energía, negar minerales, negar alimentos…) del colapso inducido, para adelantárselo a otros”. Y casi siempre podrán inventarse pretextos para hacerlo. “Cuando no sea la “prioridad [al] nacional”, será, que no se lo merecen porque se trata de un régimen corrupto, o tienen una religión que molesta, por algún agravio histórico, etc. Y la elaboración de mentiras (“armas de destrucción masiva”, etc.)”.
Si Cuba pudo resistir tantos años de sanciones, aislamiento y acoso por parte de los EE UU fue gracias a la extinta Unión Soviética, la solidaridad de muchos pueblos y algún Estado más. Pero la escasa ayuda que recibe actualmente, incluso por parte de Rusia y China, es tan exigua que no la salvará del desastre.
El bloqueo provoca falta de medicamentos, de alimentos y, la imposibilidad de mantener ni generar los recursos imprescindibles para la salud y la vida de los cubanos. El miedo, la ansiedad, la desnutrición y el hambre destruyen a las personas y no cabe duda de que la situación actual ya está causando traumas y muertes entre la población cubana.
La normalización de esa situación es un peligro inminente no solo para quienes ya están sufriéndola, también para el resto de la humanidad. Es imprescindible e inaplazable el abordaje claro y contundente de la dimensión política.
La solidaridad con los cubanos es un asunto político y nuestros Gobiernos tienen que tomar cartas en el asunto, independientemente de que las ideologías, religión o los dirigentes de los países afectados nos resulte afin o no, el destino de los seres humanos no puede caer en el abandono.
No permitamos sumar al colapso global que se avecina, por razones climáticas y de límite de recursos, que dirigentes desalmados induzcan otros colapsos por meras razones de poder y rapiña.

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