sábado, 11 de octubre de 2014

El TTIP: EE.UU contra Alemania


Jorge Alcázar González
Manuel Montejo López
Frente Cívico “Somos Mayoría”.


Hoy, 11 de octubre, se celebra en toda Europa el día de acción contra el TTIP, el CETA, el TISA y otros tratados de libre comercio que están siendo negociados actualmente, y para promover políticas comerciales alternativas que contemplen como prioritarios los derechos de las personas, la democracia y el medio ambiente.
Las negociaciones del TTIP entre la Unión Europea y EE.UU., secretas y ocultas para la ciudadanía, nos permiten poco margen para conocer las consecuencias que a corto y medio plazo tendrá sobre todos nosotros la firma del tratado. Las que se van descubriendo, y aquellas sobre las que más se está escribiendo, son las aquellas que señalan al TTIP como un ataque frontal contra los intereses de la ciudadanía, dirigido a terminar con las ya exiguas barreras de protección que los europeos y europeas poseemos frente al modelo económico y social imperante en nuestras vidas.
Al mismo tiempo, se advierte de que este tratado de libre comercio se está diseñando al servicio de los intereses de las grandes multinacionales, bajo el paraguas institucional que la Comisión Europea ejerce a través de los diferentes grupos de trabajo creados ad hoc y que desarrollan los términos del acuerdo, pues salta rápidamente a la vista el papel desempeñado por los organismos europeos y el rol cada vez más acentuado que los lobbys de presión desempeñan en Bruselas, ya que son estos últimos, al servicio de las multinacionales y los grupos de inversión, quienes en connivencia con los funcionarios de la CE, viene a perfilar un acuerdo comercial que responde a intereses opuestos a los de la ciudadanía. En este sentido, un reciente artículo publicado por The Guardian (08/05/14) informaba de que en Bruselas había paridad efectiva entre grupos de presión (30.000) y funcionarios de la UE (31.000), señalando que el 75% de las decisiones adoptadas en el Parlamento Europeo estaban influenciadas, en una u otra forma, por los intereses privados de la industria y el sector financiero, y denunciando con nombres y apellidos, el tan conocido en nuestro país fenómeno de la “puerta giratoria”.
Sin embargo, ninguna atención se está mostrando, al menos en España, a otro aspecto, si cabe más relevante: el geopolítico.

Hace unos días se hacía público el rechazo al TTIP por parte del SPD alemán. Lo que en principio podría suponer una buena noticia para las posiciones de rechazo al tratado, al tratarse del socio de gobierno de Angela Merkel en el gobierno alemán, puede no ser más que una señal de lo que realmente se están jugando diferentes poderes en este oscuro tratado. No deja de ser una evidencia que, en los últimos años, la socialdemocracia alemana no se ha distinguido ni mucho menos por su defensa del Estado de Bienestar ni los derechos sociales de la población alemana. Desde la Agenda 2010 de Schröder, con los sucesivas reformas Hartz que precarizaron el mercado laboral, hasta el apoyo a las políticas de austeridad de la canciller Merkel, el SPD ha sido un apoyo fundamental en el triunfo del proyecto neoliberal en Alemania y en toda Europa.
Además, el TTIP favorecerá fundamentalmente a las multinacionales más competitivas de Europa (la “Mesa Redonda de los Industriales Europeos” o ERT que reúne a los dirigentes de cerca de 50 multinacionales europeas y en la que predominan empresas alemanas) y a los países más exportadores, especialmente Alemania, mientras que los otros más débiles, ya masivamente afectados por su ingreso en la UE, serán definitivamente privados del control de sus funciones vitales a través de mecanismos como el ISDS o la desregulación normativa. Cabe preguntarse, por tanto, por este repentino cambio de rumbo del partido de Martin Schulz.
Ante el debilitamiento económico y técnico de EE.UU y la emergencia de los BRIC, en un contexto de crisis global del capitalismo, el imperialismo norteamericano trata de buscar una solución, que pasa inevitablemente por construir una nueva jerarquía internacional que asegure su posición hegemónica frente a un doble eje, Rusia y China por un lado y los BRIC por otro. El principal interés estadounidense es de carácter geopolítico o geoestratégico. Y el motivo está condicionado por la estrategia de China, caracterizada por la nueva postura proteccionista del gobierno chino, sobre todo en lo referente a la protección de sus propias marcas de alta tecnología para el consumo nacional y las ambiciones monetarias que persiguen rivalizar con el dólar a través de la acumulación de la moneda estadounidense, aunque este objetivo quede lejos todavía.
¿Cuál sería entonces el papel reservado a Europa? El TTIP, y también el CETA (Tratado Económico y Comercial Integral entre la UE y Canadá), pretenden priorizar los intereses de las grandes empresas sobre los Estados, con la evidente pérdida de soberanía, nacional pero fundamentalmente ciudadana, que esto conllevaría. Por tanto, la firma del tratado induciría la necesidad adaptativa de terceros estados (la UE) a estas nuevas reglas productivas. Los intereses europeos quedarían reducidos a simples cuestiones mercantilistas, sin ninguna ambición política para contrarrestar el dominio americano, y en donde el papel desempeñado por los grandes estados y sus grupos industriales y financieros, frente a los demás, sería omnímodo.
Sin embargo, esto choca frontalmente con la estrategia de amplios sectores alemanes en torno al Euro. Si el sistema “neocolonial” europeo dirigido por Alemania es parte integrante del sistema imperial dirigido por EE.UU, la debilidad del Euro es una condición indispensable para asegurar el control norteamericano pero una Eurozona en permanente recesión (o incluso una posible salida de la moneda única por parte de cualquier país) supondría una dificultad añadida en todo este esquema. Es por esto que EE.UU. podría plantear la necesidad de relajar la política de austeridad de Alemania en Europa, tomando como ejemplo las medidas económicas del gobierno americano, y la conversión del BCE al servicio del Bundesbank en una suerte de Reserva Federal que satisfaga las peticiones de Francia y Reino Unido. He aquí la contradicción para Alemania.
El TTIP supone un intento de EE.UU. para redistribuir el espacio global en nuevas áreas económico-geopolíticas, es decir, la nueva “OTAN económica y comercial” es un tratado entre una potencia imperialista y unas instituciones europeas deslegitimadas, que rompe la centralidad alemana para asegurarse una Europa lo suficientemente débil como para carecer de una política autónoma. De esta forma, la primera potencia mundial se asegura un aliado subalterno en su nueva reconfiguración mundial.