viernes, 6 de febrero de 2015

Otras visiones,otras lecturas: Me quedo



Hugo Martínez Abarca *

Hugo-Martínez-Abarca 
     El 16 de septiembre de 1994 me afilié a Izquierda Unida. Era un regalo de cumpleaños que me hice a mí mismo el día que cumplí la mayoría de edad: me fui a la sede de IU en Madrid, que estaba en Tirso de Molina. Me afiliaba a la Izquierda Unida de mediados de los 90, que era la que conocía, la representada por Julio Anguita pero que iba mucho más allá del propio Anguita. Era una Izquierda Unida que se definía en una metáfora que expresaba la confrontación con la política de orden que representaba el bipartidismo: el discurso de las dos orillas. Suponía la asunción de que el eje de confrontación política no estaba entre quienes se proclamaran de izquierdas y de centro (en aquel momento el PP de Aznar estaba haciendo su viaje al centro, qué cosas) sino entre quienes estaban al servicio de los poderes (desde Maastricht a la corona, pasando por los poderes financieros y mediáticos) y quienes luchaban por la democracia, los derechos humanos y en consecuencia por la emancipación popular.
    Esa metáfora de las dos orillas hoy se expresa con otras palabras aunque su contenido sea el mismo: es lo que hoy sitúa la confrontación entre las fuerzas del Régimen y las fuerzas de cambio. De esa visión política es hija una expresión que sí sigue vigente: programa, programa, programa, la expresión de que lo crucial no es dónde diga que se ubica cada cual o qué ideología se diga tener sino qué política se haga. Todo ello se hacía desde una renuncia a la cultura política cortesana de palco y asador frente a la supuesta responsabilidad, madurez, etc. de quienes agigantaban las diferencias cosméticas para diluir las sustantivas.
    Durante estos 20 años he pasado por altibajos de militancia. En 1997 decidí dejar de participar porque no entendía muchas cosas. En 2004, tras el batacazo electoral decidí volver y probar en la asamblea de mi barrio. Allí encontré compañeros del alma con quienes no cuesta entender las cosas porque luchamos por lo mismo. Tuvieron el valor de ponerme como coordinador hace unos años con la evidente intención de probar la robustez de la asamblea, capaz de resistir incluso el mandato de un coordinador como yo.
    Ayer presenté mi dimisión como coordinador de IU-Chamberí. También participé en una rueda de prensa en la que un nutrido grupo de compañeros anunciamos que damos un paso en la lucha por desalojar de los gobiernos municipales y autonómico a los ladrones que han convertido Madrid en un nido de corrupción, caciquismo y tramas con cultura más propia de la mafia que de una democracia, que han saqueado Madrid para ponerla al servicio de constructores y grandes empresarios mientras se ataca la educación, la sanidad… la democracia. Y que hemos constatado que eso, por desgracia, no lo podemos hacer como militantes de IU-CM.

    IU-CM es muchísimo más que el núcleo que la tiene secuestrada. Es, sobre todo, las más de 9.000 personas que participaron en sus primarias. No son quienes boicotearon, violaron el reglamento, introdujeron la sospecha sobre los votantes, quienes conspiraron con la derecha para cargarse a la ganadora de las primarias, quienes echaron el cerrojazo a las responsabilidades políticas por el caso más grave con el que se haya contaminado nunca el nombre de Izquierda Unida, quienes se inventan cada semana una nueva condición para evitar una unidad popular de la que siempre han renegado realmente.
    En los últimos meses he hablado con muchísima gente de toda IU, de todo el país, nos han llamado a muchos para saber qué pensábamos, qué decisiones habíamos tomado. Sabe todo el mundo que hemos aguantado lo inaguantable, que hemos contenido desde hace meses una fuga de militantes y cuadros hartos de que un grupito pusiese su esfuerzo, su ilusión y su trabajo militante al servicio de lo contrario de lo que defendían. Nadie me dejará honestamente por desleal ni negará que he explicado lo crítico de la situación y las posibilidades que tenía la dirección federal para impedir lo que ha pasado. Allá por el 11 de octubre reclamaba en un artículo (con la mayor prudencia de la que fui capaz) que quienes quisieran salvar la organización fueran un poco generosos con IU y dieran un paso atrás para ejemplificar sin trauma que había una nueva IU-CM distinta, que esta IU-CM no tenía nada que ver con aquella que defendía a Moral Santín, que amenazaba con expedientes y querellas a quienes denunciaran sus prácticas, que dejaba con el culo al aire a Izquierda Unida al explicar que “nuestro compañero José Antonio Moral Santín” se iba porque le daba la gana, que IU no le había echado, que compartía el discurso de quien participó activamente en el mayor saqueo que ha sufrido este país. Aún no sabíamos que la connivencia con la cultura mafiosa había llegado al punto de presentar IU-CM una querella contra miembros del PP redactada por miembros del PP y pagada con una tarjeta black. No hubo tal generosidad ni cuando por amplísima mayoría Izquierda Unida Federal lo exigió, hubo trinchera y guerra (con aliados) contra los ganadores de las primarias, contra las federaciones que defendieran la dignidad de IU y contra Alberto Garzón por su altura como dirigente decente.
    En octubre pedía unos pocos pasos atrás para apagar el incendio. Hace unas semanas, también públicamente y también con la máxima prudencia de la que fui capaz, expliqué que “toca resolver el incendio y que las llamas de unos irresponsables no se lleven por delante todo el edificio para dejar el solar al poder. Toca optar. No aparece en el horizonte otra opción que intervenir con contundencia IU-CM para que responda a los principios de Izquierda Unida y a la mayoría real de la militancia de IU-CM, para que no sea una organización de quienes abrazan a imputados por el mayor saqueo de nuestros tiempos, para que sea la organización de la gente honesta que quiere cambiar Madrid y que contribuirá con ello al cambio en el país.” Desgraciadamente el viernes pasado el coordinador federal de Izquierda Unida, Cayo Lara, optó y la presidencia aprobó su opción. Esa opción ni siquiera remitía a lo que hubiera sido necesario en octubre, sino que prorrogaba el letargo, las declaraciones sin consecuencias prácticas y evidenciaba que no existía voluntad alguna de remangarse a tomar las decisiones imprescindibles e inaplazables. Enrique Santiago presentó propuestas para salvar la situación que se rechazaron: algún día se examinará qué habría pasado si en vez de aprobar y meter en el cajón aportaciones cruciales de Enrique Santiago en estos años se hubieran atendido: ay, si hubiéramos refundado la izquierda, ay, si nos hubiéramos creído la apuesta constituyente en vez de hacer caricaturas de brocha gorda. Ay, si el viernes hubieran salido adelante las propuestas de Enrique Santiago sobre la crisis en IU-CM.
    Cuando murió Vázquez Montalbán, Javier Ortiz contó una frase suya que he recordado mucho estos días de duelo al constatar que no cabe otra que dar el paso. Le decía Vázquez Montalbán al joven Javier Ortiz “Vosotros, en los años sesenta, decíais que yo era un maldito socialdemócrata, reformista, revisionista y no sé cuantas cosas más. Y probablemente teníais razón. Lo era y lo sigo siendo. Pero el escenario político se ha desplazado de tal manera hacia la derecha que ahora, manteniéndome en las mismas posiciones, todo el mundo me toma por un peligroso izquierdista radical».”
    Tengo una sensación muy parecida: no me he movido, estoy donde estaba cuando me afilié aquel día en que me hice mayor de edad. Me quedo donde estaba: tomando como eje de conflicto el compadreo o el enfrentamiento con los poderes reales y buscando aglutinar a quienes queremos confrontar con ellos, quienes buscamos la ruptura democrática para un proceso constituyente. Escribía hace unas semanas un artículo en el que decía que 2015 sería el desenlace del conflicto entre las dos almas que han convivido en la izquierda durante décadas: esa alma de orden, cómoda en el traje de la Transición y esa alma rupturista que ejemplifica Anguita. Decía en aquel artículo que esas dos almas podían convivir con más o menos conflictos en tiempos ordinarios, pero en el momento histórico en el que nos jugamos efectivamente si hay una ruptura democrática o una restauración cortesana ese conflicto es muy difícil de gestionar. Yo estoy donde siempre, el país no. Y la realidad se analiza en lo concreto. La trinchera se ha desplazado. Ese es el asunto.
    Como me quedo, me tengo que mover. Entiendo que es imposible empujar hacia el cambio político encallado en miserias que sólo sirven de lastre para el cambio. Eso no quiere decir que Izquierda Unida no sea un activo fundamental del cambio que viene, todo lo contrario. Creo firmemente que el cambio será mucho peor sin una izquierda fuerte, organizada y con representación institucional. Por eso también creo que el paso que hemos dado en Madrid lejos de debilitar a la izquierda la refuerza porque estoy seguro de que en Madrid será muy positivo dejar de mirarnos las miserias y empezar a trabajar sólo por un objetivo. La búsqueda de la unidad popular para recuperar Madrid, un montón de ayuntamientos y la presidencia de la Comunidad nos pondrá en disposición de ser un referente potente de ese anclaje nítido del cambio para las mayorías sociales, para el pueblo trabajador, para la emancipación popular: eso es la izquierda y no un concurso de golpes en el pecho.
    Esta mañana pediré mi baja como afiliado en Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid. Es un paso duro en lo personal, pero creo que políticamente no reviste el dramatismo que aparenta. Vamos a un ciclo electoral muy intenso. Necesariamente durante este ciclo o al terminar el mismo tendremos que revisarnos todos, encontrarnos quienes buscamos la ruptura democrática y reconfigurar el mapa político. Es lo que IU lleva teorizando desde 2008 bajo la apuesta de la refundación y el proceso constituyente pero que se boicoteó por un conservadurismo suicida disfrazado de entusiasmo por el crecimiento electoral vivido hasta el año pasado. Como no se hizo la refundación por las buenas cuando decidimos colectivamente que era imprescindible, la haremos en circunstancias mucho más difíciles ahora que será inevitable. Lo que está pasando y seguirá pasando en Madrid es probablemente el primer paso en esa reconfiguración, no es más dramático que eso. Por eso tengo claro que el cambio en mi relación con IU no es un cambio en mi relación política con quienes serán protagonistas del cambio en el país. Alberto Garzón (un dirigente y candidato descomunal cuyo único problema es no haber llegado antes), Yolanda Díaz, Ignacio Blanco, Antonio Maíllo… por poner sólo ejemplos de candidatos de IU, serán protagonistas del cambio en el país del mismo modo que en Madrid y sus municipios lo serán candidatos que se quedan en IU como Mauricio Valiente, Pedro del Cura, Ángel Moreno… y muchísimas otras personas de Madrid y de toda España que me dejo. Seguirán siendo mis compañeros y mis referentes políticos aunque circunstancialmente estemos en espacios que no coinciden. Igual que llevo tiempo considerando compañeros a quienes desde otros espacios están luchando por la ruptura democrática y recuperar el país para su pueblo, para sus pueblos.
    Como me quedo donde siempre, me tengo que mover. Nos vemos buscando la unidad popular para cambiar el país, para cambiar nuestras ciudades, para cambiar nuestros territorios. Eso es lo que más temen, lo han evidenciado en Madrid. Querían que nos rindiéramos y en vez de eso damos un paso hacia adelante. Vamos a ganar Madrid, vamos a ganarlo todo. Nos vemos, compañeros.
(*) Hugo Martínez Abarca. Exmilitante de IU y autor del blog Quien mucho abarca.