viernes, 12 de agosto de 2016

¿Podremos o no podremos?

Rafael Juan Ruiz
Miembro del Frente Cívico y del Colectivo Prometeo

Haciendo un esfuerzo sobrehumano para sobreponerme al espectáculo bochornoso protagonizado por Rajoy y Rivera, me atrevo a hacer unas consideraciones de la situación política, y, sobre todo social, en la que nos encontramos. El dejá-vu del 26J nos sumió a todos en una mezcla entre desazón, incomprensión, tufo a pucherazo y, en mi caso, aquello de “parece mentira que volviéramos a creer que íbamos a hacer algo”.

Por eso, no quisiera perder mucho tiempo en el “qué ha pasado”. Prefiero pensar en propuestas de futuro. Antes, sin embargo, 4 cosas que no deberíamos olvidar nunca más:

1.  Deberíamos no volver a minusvalorar al adversario. Tenga las cabezas o las etiquetas que tenga. Nunca, y estaría bien que lo recordemos siempre, nunca, la izquierda (perdón si a alguien le molesta) va a ganar posiciones políticas en los tableros de ajedrez. Por muy buenos jugadores que tengamos (que los había). Por muy bien que se haya pegado la patada al tablero. Si dónde nos jugamos “las habichuelas” es en el terreno mediático, en los estudios de tendencias, en las campañas de efectos, en ese terreno, siempre nos ganarán. Porque tienen más medios (infinitamente más medios) y porque a la gente de izquierdas no se les gana con esos métodos.
2.  Unidos Podemos se ha hecho llamar “la rama pro-institucional del 15M”. Se ha reivindicado como heredera de aquel movimiento sin par, de aquella experiencia tan fantástica que supuso que la población quiso implicarse, mediante la reivindicación desde la colectividad, para influir directamente en sus condiciones de vida. Pues bien, si algo ha quedado claro es que eso es falso. Sobre todo, en Podemos. La elaboración de los programas no se ha hecho desde las bases, las candidaturas se han hecho a dedo desde “el que manda”, buscando al famoso o a la destacada antes que a la ideologizada o al socialmente comprometido, y con actos electorales en las provincias que las mismas organizaciones del territorio desconocían dos días antes. En algunos casos, los “partidos del régimen” han tenido procesos más democráticos y horizontales.
3.  Del descaro, de la osadía, de la frescura, de la rebeldía, del discurso que la mayoría social entendía como suyo y veía, con admiración, cómo había gente que no se amilanaba ante la caverna mediática, se pasó al “compañero socialista”, a declaraciones lamentables, a decir que las cosas no se cambian en la calle, a moderar hasta la decepción los objetivos (Renta Básica, la construcción europea, el antimilitarismo, las nacionalizaciones de empresas estratégicas,…) Pablo Iglesias pasó de la llantina simulada en el polideportivo de Fátima con su entonces referente, Julio Anguita, a manifestar su amor (también) por Zapatero, a quién reconoció que le hacía consultas. Imagino que ZP no le avisó que en agosto pediría que su partido, el PSOE, dejara gobernar a Rajoy. Por cierto, estoy convencido de que a Julio le habrán encantado estos flirteos.  Pablo le ha pagado de una forma extraña su apoyo en el mitin de Córdoba.
4.   Termino con el pasado para engarzar con el futuro. Sabíamos que, hubiera o no “sorpasso”, sería imposible gobernar. Algunos pensamos que tampoco es tan dramático. Sé que quienes están en el paro o sufriendo la estafa con extrema gravedad me dirán que no pueden esperar más. Pero a ellos intentaré explicarle a continuación el por qué estoy convencido de que, en la situación actual de desmovilización, poco podría haberse cambiado. Desde el Frente Cívico insistimos mucho en la campaña electoral en que, una vez conseguida la confluencia política, el 27J había que empezar a conformar la social. O la sociopolítica. Y, en esas, aunque con menos diputados de los que creíamos, estamos. Supuestamente, hace dos años, lo hubiéramos firmado.


En cuanto que la derecha política haga su paripé y acabe encumbrando a los adalides de la corrupción en el gobierno, tendremos que mirarnos a la cara y pensar qué hacemos. De momento, empiezan a darnos pistas. Esta semana Montoro ya ha mandado sentencias de muerte a las ciudades españolas para que den matarile a las empresas públicas que son deficitarias. ¡Cómo si ese concepto se pudiera emplear para lo público! En nuestro caso, quiere cargarse AUCORSA y CECOSAM. Y, cómo no, regalárselas a algún amiguete que tendrá una empresa que no estará precisamente preparada para acoger altruistamente las pérdidas, sino que hará lo que hacen allá donde ya están (pregúntenle a nuestros vecinos de Jaén): autobuses ruinosos, sin aire acondicionado, sin pisos bajos para facilitar la movilidad, tornos para entrar en los coches, y, sobre todo, salarios miserables y condiciones laborales al uso de “lo privado”. Porque, que no se nos olvide, en lo privado quienes se llevan los millones son los dueños (se los llevan, con la bandera de España en su reloj, a Andorra, las Caimán, Panamá o cualquier otro paraíso fiscal que tienen montado y que, a pesar de que queda feo, nadie los elimina) Para los trabajadores, cinturón “apretao”, que hemos comido por encima de nuestras posibilidades y estamos muy gordos.

¿Nos quedaremos la ciudadanía cordobesa parada? ¿Dejaremos que esto ocurra? ¿Defenderemos lo nuestro o haremos como con las inmatriculaciones de la iglesia católica: mirar para otro lado que ¡tan malo no será!?

La caja de las pensiones está a punto de perder hasta su nombre. El gobierno del PP se ha dedicado a meter la mano en nuestro pan para el futuro. Todo lo que hemos ido cotizando durante décadas para que cuando seamos viejos nos podamos jubilar con cierta dignidad, nos lo han robado. Lo han cogido para salvar bancos. O para pagar deuda ilegítima. O para aflojar un déficit que, a pesar de ello, está ya en el 100% de nuestro PIB. ¡Total! Como ellos y sus amigotes no necesitan pensiones, los trabajadores ¡que se busquen la vida! Para eso ellos, la derecha política española, cambiaron la sagrada constitución una calurosa noche de verano en la que ZP se tapó los ojos y olvidó aquello de “nunca haré nada que perjudique a los trabajadores”. Pues va a llegar el momento, muy pronto según los economistas libres todo el mundo, en el que, entre que se permite que los empresarios falseen los contratos, que la caja no tiene dinero, que el déficit no deja nada para ingresar, que seguirán robando a mansalva con su corrupción, o los recortes que exigirá la Unión Europea y que ellos llevarán a cabo obedientemente, en que los jubilados tendrán una pensión con la que ya no podrán sustentar a aquellos hijos que volvieron a casa a la tierna edad de cuarenta y tantos y con unos preciosos nietos a los que alimentar. ¡Maldito voto contra los bolivarianos que nos quieren quitar las casas! dirá alguno entonces.

A la vez, trabajadores y trabajadoras de este país, nos dicen que hemos bajado los números del paro. Ahora hay “chanchulletes” para llevar algo a casa. Diez o doce horas por 500 o 600€, sin descanso semanal; de alta en media jornada y el resto en negro; sin poder ponerse enfermo; si te da, mujer, por quedarte embarazada, ya sabes que ni vuelvas; A eso, ellos le llaman éxito de las leyes aplicadas al mercado laboral. Otros le llamamos esclavitud. Pero, tendremos que estar “al loro”, pues ya hemos oído que la “bendita” Unión Europea nos exige una nueva reforma laboral. Es normal. No es de recibo tamañas condiciones laborales. Habrá que exigirles a los trabajadores un nuevo esfuerzo.

Podemos añadir el estado en que están dejando la educación, en la que ya sólo los hijos de los ricos vuelven a tener opciones de tener una carrera. O nuestra sanidad, desmantelada totalmente en algunas comunidades y, en otras, como la nuestra, que al mirarla no la conoce ni la madre que la parió. O cómo se mantienen y se perpetúan los privilegios a la iglesia católica. O cómo se mira hacia otro lado con el terrorismo machista y volvemos a retroceder a pasos agigantados lo poquito que habíamos avanzado en la educación en igualdad. O cómo seguimos colaborando activamente, con la presencia en nuestra tierra de las bases americanas, en los crímenes del imperialismo.  O como dejamos morir de hambre a refugiados provocados por esas guerras que llevamos a sus países por nuestros intereses. Podríamos llenar mucho papel. Sé que no es lo correcto. Pero algunas veces creo que deberíamos hacerlo. Por si acaso nuestra conciencia nos juega una mala pasada y seguimos viendo el fútbol.


Y, ahora, la pregunta del millón: ¿qué hacemos? ¿miramos pasar todos estos misiles hacia nuestras vidas como la cabra que mira pasar el tren? ¿tanta anestesia nos ponen a diario para que no nos duela ni nos enteremos de lo que nos hacen?

En el Frente Cívico, como antes mencioné, estamos convencidos de que no queda otra que la implicación de todos y cada uno de nosotros en defender una vida digna, que garantice los derechos humanos, en la que el planeta sea el centro de nuestra preocupación, en la que se reparta de manera justa la riqueza que generamos los trabajadores. Por eso algunos creemos que, aunque hubiera ganado un Unidos Podemos firme y con la idea clara de hacer frente al austericidio, no hubieran podido parar por sí mismos las afrentas de la Unión Europea y del IBEX35. Sólo tenemos que ver los auténticos malabares que están haciendo aquellos concejales de las confluencias para hacer lo más mínimo sin caer en la ilegalidad. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Rafael del Castillo, delegado de Asuntos Sociales en el Ayuntamiento de Córdoba. Atado de pies y manos por las leyes europeas y del estado, sólo su tenacidad, su honradez y su compromiso, y un alto grado de valentía, le han llevado a conseguir logros impensables para las personas que lo están pasando peor. Pero sin la ayuda de la movilización de Stop Desahucios, esos logros hoy no existirían. Porque, al final, lo que se hace es lo que la gente quiere, necesita, reivindica, lucha. Un pueblo dormido, pasota, que prefiere anestesiar su dolor con la indiferencia y el mirar para otro lado, tendrá lo que “otros” quieran que tenga.

A partir de septiembre no me cabe ninguna duda de que volverá la movilización. Esa movilización de la que algunos sacaron provecho electoral y que ahora reniegan de ella. Va a volver, a llenar de dignidad las calles y plazas, a demostrar a quienes son reacios que el compromiso con lo que tenemos alrededor es una, si no la más bella, responsabilidad de todo ser humano. El pasado mes de junio, en la fiesta de graduación de mi hijo mayor, el director de su instituto les conminaba a no ser sólo, en el futuro, buenos universitarios y buenos profesionales, sino a implicarse en la sociedad que les ha tocado vivir y mejorarla. Siempre mejorarla.

Queda por ver cuál va a ser la actitud de los partidos de la confluencia y de la propia confluencia. De los ¿sindicatos? mayoritarios. No importa. En todo caso, hay un autobús llamado dignidad que está preparado para salir el 1 de septiembre. Ya hay gente dentro, pero es muy grande. En el recorrido esperamos tener que pedir una inmensa flota para dar cabida a todo el quiera subirse. ¿Destino? El que decidamos.

5 comentarios:

Maite dijo...

Rafa, más claro, agua. Así se tiene que hablar, clarito pa' que se entienda!!
Salud!!

Antonio Pintor dijo...

Apreciado amigo, como dicen en mi pueblo "te has despachao a gusto". Un buen repaso a la situación sociopolitica. Lamentablemente muchas de las victimas de esta situación son ademas complices y corresponsables de la misma con su apoyo electoral a los partidos mayoritarios. Enhorabuena por tu meticuloso análisis

Pepe Castaño dijo...

“El pasado mes de junio, en la fiesta de graduación de mi hijo mayor, el director de su instituto les conminaba a no ser sólo, en el futuro, buenos universitarios y buenos profesionales, sino a implicarse en la sociedad que les ha tocado vivir y mejorarla. Siempre mejorarla.”
¡Paideia!¡Paideia!¡Paideia! La cantera democrática está en los institutos, mucho más que en la calle y en las instituciones. ¿Imaginamos que en todos los centros docentes del país fuera ese el mensaje? Y no solo eso, sino que la POLÍTICA, la formación del espíritu democrático y las actitudes de compromiso social empaparan el ser y el sentir de cada miembro de esos centros. ¿Cómo se puede conseguir eso? ¿Por generación espontánea? La izquierda de antaño lo tenía claro: la instrucción de las masas y la conciencia cívica. No hay otro modo de conseguir la hegemonía de emancipación. Hoy no lo ignoramos, pero ahí están dominando el sistema educativo los “valores y principios” del mercado, el individualismo, el miedo, la sumisión y la inmersión irresponsable en el sistema. Las meritorias excepciones no parecen suficientes para provocar los cambios culturales. Modifiquemos la pregunta del millón: ¿Es aquí donde hay que empezar a hacer algo más?
Por lo que respecta a tu análisis, enhorabuena, porque pone al desnudo de forma genial la realidad que padecemos y marca la senda de la necesaria acción.

Paco del Cid dijo...

Rafa, como siempre tu análisis es un paradigma de concienciacion además del fiel reflejo del espiritu critico que te caracteriza.Tu honestidad y sentido de la justicia demostradas en el dia a dia son el mejor ejemplo que puedes ofrecer a esta sociedad adormecida que vota a los corruptos y que al contrario que la cabra es imprescindible que detenga su mirada y pase a la acción ya que nos va en ello nuestra propia supervivencia. Un abrazo

Juan Garcia dijo...

Enhorabuena, amigo Rafa. En estos días que vivimos y comprobamos que la derecha se rearma, que el cambio real de tanta mezquindad, miseria y corrupción, parece imposible, es importante levantar la voz y gritar alto denunciando los desmanes de esta clase política que condena al sufrimiento y la exclusión a millones de ciudadanos. Como recoges, el cambio llegará (si llega) cuando la izquierdas deje de mirarse el ombligo y acepte el reto de movilización social, de convocatoria de colectivos y plataformas sociales y, trabajando junto, lograr, como recoge el FCSM, ese contrapoder necesario para transformar esta dura realidad que padecemos. Gracias, rafa. Un fuerte Abrazo Juan García