miércoles, 27 de mayo de 2026

Zapatero encadenado: los que mandan no olvidan ni perdonan






Manolo Monereo
Colectivo Prometeo

No me sorprendió demasiado la imputación de Zapatero, sí el motivo y, sobre todo, la “construcción” de una estructura penal que lo situaba al frente de una trama criminal. El secuestro del presidente Maduro y la creciente sintonía de la nueva presidenta con la Administración norteamericana invitaban a pensar que algo sustancial estaba cambiando en las estructuras del poder venezolano.
La entrega de Alex Saab era una señal clara de que las autoridades de los EE. UU querían ajustar cuentas a todos aquellos que de una u otra forma habían trabajada para el chavismo en la difícil tarea de eludir las sanciones y esquivar las múltiples barreras que pretendían ahogar a la economía y la sociedad caribeña.
Dado el protagonismo público de Zapatero y las conocidas diferencias de Sánchez con Trump, no era demasiado aventurado pensar que algo terminaría llegando por ese lado. Las derechas llevan años hablando del tema, denunciando al expresidente por el cobro de mordidas, insinuando siempre la financiación ilegal del PSOE. La reunión en el aeropuerto de Madrid de Delcy  Rodríguez y Ábalos aún colea y ahora volverá con mucha mayor fuerza.

El domingo pasado, Enric Juliana habló del asunto, señalando que en el origen de la imputación de Zapatero estaban los informes de los servicios de inteligencia de la embajada norteamericana; añadiendo que, seguramente, aparecerán muchos más, del “expediente”, así lo llamó, Zapatero. Hay una cuestión muy delicada, conociendo cómo funciona el sistema jurídico-penal norteamericano, la entrega de Saab puede tener consecuencias especialmente negativas para el presidente Maduro y Celia Flores y ocasionar la imputación de personas que de uno u otra forma colaboraron con el gobierno venezolano en tareas específicas relacionadas con la creación de estructuras financieras e instrumentos comerciales que permitieran eludir la enorme batería de sanciones impuestas por las diversas administraciones del poderoso vecino del Norte. 
Se sabía, además, que el gobierno caribeño pagaba bien. No entro en la casuística, solo tomar nota que oponerse a EE. UU siempre tiene consecuencias y que su poder es prácticamente ilimitado cuando se trata de sus aliados, con razón Stephen Walt ha hablado de un “hegemón depredador”.

Nada ocurre por casualidad y mucho menos cuando se trata de nuestro poder judicial. Lo de Zapatero hay que analizarlo desde un plano concreto, especifico, políticamente guiado, porque se trata de eso, de política, de poder. Quizás convendría hacerse la pregunta clave: ¿por qué una oposición tan radical a un gobierno que practica unas políticas débilmente reformistas, siempre compatibles con los poderes existentes?
Si nos tomáramos en serio lo que dicen Abascal o Feijóo nos encontraríamos al borde de una guerra civil y Sánchez sería el nuevo Lenin español. No es para tanto, por mucho que los medios de las derechas incendien periódicamente nuestras televisiones y nuestras calles. Este gobierno es odiado no por lo que hace, sino por lo que impide hacer; no por lo que practica y defiende sino por las (contra)reformas que no realiza en un momento crucial, decisivo para las clases dirigentes del país.

Estos días se discute, digámoslo así, sobre el cambio de ciclo en la izquierda. No, el verdadero cambio es de ciclo histórico-social, que afecta a todos los planos de la vida pública, de la política, de la cultura, de las relaciones internacionales y, fundamentalmente, del poder entre las clases en cada uno se los Estados singularmente considerados.
La Unión Europea vive su enésima refundación, situando en su centro el rearme y la guerra a plazo fijo (2029/30) con Rusia; la hegemonía alemana se hace cada vez más evidente y la OTAN se convierte de facto en la verdadera dirección política de unas instituciones demasiado lentas y burocratizadas. Mertz lo ha defendido con mucha claridad: desreglamentar, desregular, prioridad absoluta a la economía de guerra y reducción de los derechos sociales y sindicales, comenzando por las pensiones. 
El concepto clave: el Estado Social es insostenible. El gran problema de lo que queda de la izquierda es que no tiene capacidad ni coraje moral para afrontar este cambio de ciclo y sigue pensando que términos como social democracia, Europa social, orden internacional basado en normas, autonomía estratégica o soberanía europea dicen algo que tenga que ver con la realidad o con los imaginarios sociales asentados.

Cuando Pedro Sánchez se retiró en meditación existencial en abril del 2024, sabía lo que le venía encima. Le hicieron una oferta que no podía rechazar, pero lo hizo. En el manual del superviviente no había espacio para la retirada. Construyó su figura reactivamente, asumió como propia lo que la derecha decía de él, jugó al límite, sacándole partido a la polarización, gobernando como oposición a la derecha. Su táctica, al final, consistió en diferenciarse de Trump cumpliendo estrictamente los acuerdos de la OTAN, seguir las políticas de la Unión Europea de enfrentamiento con Rusia y de apoyo a Ucrania y a la vez propiciar el acercamiento a China, defendió los derechos sociales sin cuestionar nunca las líneas rojas que gobierna el poder real, el de verdad. Maestro de la finta, del regate, terminó por convertirse en el líder de la izquierda, incluida la que se llama a sí misma alternativa

La historia vuelve y se venga. Los poderes saben que la “constitución material” del régimen del 78 está en crisis desde hace más de una década, que el bipartidismo que gobernó el país está obsoleto y que hace falta ordenamiento jurídico-político que dé cuenta de la nueva relación de fuerzas en un Estado de Excepción global. 
Eso de establecer una sociedad democrática avanzada es cosa del pasado, los derechos sociales y sindicales, antiguallas, la soberanía nacional, idea obsoleta y peligrosa. Ahora los tiempos son otros, son tiempos de tecno-fascismo, de guerra, de contrarrevolución preventiva. Las derechas (las duras y las extremas) quieren el poder para alinearse férreamente con los que mandan y no se presentan a las elecciones y dar por concluido el ciclo histórico anterior y abrir el nuevo.
Se trata de poner fin a una experiencia social que cambió a Europa, que la hizo diferente (después de dos guerras mundiales y durísimos conflictos de clase), que consagró la presencia de las masas en la política, que convirtió a las clases trabajadoras en sujetos con vocación de hegemonía y que definió un tipo de democracia basada en la transformación social

El proceso contra Zapatero va para largo, seguramente habrá acontecimientos externos que tendrán una gran influencia sobre la causa y el deterioro del gobierno se acelerará mucho. La izquierda decidió unir su suerte a la del gobierno de Sánchez y difícilmente tendrá ya vuelta atrás. Pensar que esto se resuelve con confluencias electorales o con operaciones tipo Rufián es no haber entendido nada

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