Pepe Aguza
Colectivo Prometeo
Durante décadas, los cordobeses por las noches podían aliviar los rigores del calor veraniego en las terrazas de los cines de verano,
Ubicados en patios de casas de vecinos, huertas y parcelas del casco histórico, se convirtieron en auténticos pulmones culturales de la ciudad, en hitos de nuestra memoria colectiva, durante los asfixiantes meses veraniegos.
En ellos convivían la magia de la aventura, la historia, la comedia el entretenimiento con el ocio y asueto al aire libre, gracias a las condiciones bioclimáticas de estos recintos.
Aunque los primeros cines de verano surgirían en Córdoba antes de la Segunda República, como el Ideal Cinema en la antigua plaza de Toros de Ronda de los Tejares, el Parque Recreativo en el Bulevar del Gran Capitán, el Cine Victoria en el Paseo de la Victoria, o el Cine Alcázar, en la antigua Avenida de Canalejas, hoy Ronda de los Tejares, el gran auge llegaría en la posguerra.
Hasta principios de los ochenta, en todos los barrios cordobeses que contaban con varios espacios, se proyectaban reposiciones de los estrenos cinematográficos del invierno a módicos precios, mientras los espectadores se refrescaban en el ambigú con cervezas, refrescos o simplemente un poco de agua fresca del botijo de la barra al precio de dos reales (50 ctmos. de peseta) o las tradicionales pipas de girasol y los altramuces, conocidos popularmente en Andalucía como “chochos”.
Gran parte de la historia de estos locales se recogen en el excelente libro “El cine en Córdoba durante el franquismo” de Rafael Jurado Arroyo, editado por la Diputación Provincial.
