viernes, 31 de julio de 2026

Vivir en la Nebulosa de la Inestabilidad






Remedios Copa
Colectivo Prometeo

Por mucho que se quiera negar el calentamiento global, el cambio climático, el agotamiento de los recursos finitos en el planeta, la crisis del paradigma imperante, o incluso la crisis civilizatoria a la que estamos avocados, lo cierto es que estamos entrando en una etapa de inestabilidad que, ni va ser transitoria, ni limitada a un espacio o tiempo determinados.
Estamos entrando en una nebulosa desconocida con una inestabilidad que atañe inevitablemente a todos los ámbitos de nuestra vida.
Las cuestiones que los negacionistas persisten en no admitir pese a los desastres a los que ya nos estamos enfrentando, están costando vidas, destruyendo los ecosistemas y la economía de las zonas afectadas y tienen un alto coste económico, social y cultural que termina afectándonos a todos.
Lo mismo que los costes de danas, incendios, pérdida de biodiversidad, o contaminación de las aguas, (por poner algún ejemplo), repercute en los recursos disponibles y capacidad económica de nuestro país; esto es así porque además del sufrimiento de los afectados y la repercusión social de los cambios que imponen a sus vidas, también el dinero del presupuesto público destinado a la contención y reparación de esos efectos climatológicos, al igual que el de otros desmanes económicos y de orientación armamentista y mantenimiento de guerras, se tiene que detraer del presupuesto previsto para otros destinos en servicios que nos afectan a todos. Del mismo modo, los acontecimientos adversos que suceden a nivel global, sean climáticos, geopolíticos o de índole económica, causan modificaciones e inseguridades en nuestras vidas.
La nebulosa en la que todas estas circunstancias adversas nos van sumergiendo está tejida de inseguridades que alteran y ponen patas arriba nuestras expectativas, economía y formas de vida. Y lo peor de todo es que, lo que subyace, lo que no se ve y solo manejan unos pocos, está detrás de lo que motiva la mayor parte de lo que sucede.
La inseguridad, el desconcierto, la confusión y el miedo que la situación actual infunde, crea esa nebulosa que favorece la inacción; una parálisis que conviene a los intereses del poder en la sombra. No se trata de una casualidad, ni de una mera coincidencia; la nebulosa responde a una planificación interesada que beneficia a una minoría. 
A esa minoría de planteamiento especulativo y cortoplacista, henchida de prepotencia, tan solo le interesan sus objetivos sin tener en cuenta las consecuencias para los demás pero que, a la larga, también se les puede volver en contra e incluso llevarse por delante a la humanidad entera.
Como afirmaba Noam Chomsky, las guerras actuales están provocadas y además planificadas para que no se terminen porque responden a intereses económicos y no solo a cuestiones geoestratégicos. Todos sabemos que detrás de las guerras están las grandes corporaciones armamentistas, que las necesitan para continuar su negocio. Por otra parte, es una de las fórmulas más rápidas y eficaces de traspasar dinero de la población a las clases pudientes, a sus negocios, porque el miedo infundido a ese “enemigo fantasma” que te puede atacar, acalla cualquier protesta ante el desvío del dinero público al armamento y a la supuesta “defensa”. Pero no todo acaba ahí, en que cada país invierta en su propia defensa, tal como estamos viendo porque ese dinero puede ir destinado incluso a la industria armamentista y los intereses de las guerras del hegemón, mientras la industria, como en el caso de Europa, se va transformando en industria de guerra y mermando el presupuesto dedicado a las necesidades de la población nacional.
Tenemos ejemplos más que suficientes que muestran cómo se crean guerras atacando o invadiendo a países, provocando incidentes que las desencadenen y boicoteando cualquier negociación que culmine en acuerdo.
Trump y Netanyahu como promotores son los mejores ejemplos. Su técnica es de libro y Zelensky es el intermediario aventajado en servirles y extender los conflictos, arruinar cualquier acuerdo de paz y, junto con Rutte, en descapitalizar a la población europea a favor de mantener las guerras sin importarles los riesgos de las posibles respuestas de ataque, incluso con desastres nucleares sobre la población europea. Y no olvidemos que el riesgo de una guerra nuclear que ponga en riesgo a todo el planeta está servido.
Si las inseguridades descritas no les parecen suficientes, sumen los efectos de las discrepancias políticas y las consecuencias torticeras de la privatización de servicios públicos que la derecha y la ultraderecha practican como manual de cabecera cada vez más extendido. Negarse a un compromiso de Estado frente a la crisis climática y la necesidad de medidas serias para prevenir los incendios, después de lo que estamos viviendo, es de una irresponsabilidad suicida.
La actitud de las Comunidades Autónomas, que son las responsables por ley de la prevención y la política forestal de la comunidad, debería hacer reflexionar a todos. La ley obliga al desbroce y prevención de los incendios y los Gobiernos autonómicos tienen obligación de implementar su cumplimiento. Claro que les sale más rentable no invertir en una labor que no se ve y recurrir al Gobierno central y utilizar a la UME para que apaguen los incendios y asuman los gastos del desastre. Olvidan que esas consecuencias las pagamos todos y que van más allá del dinero.
No es extraño que tantas amenazas e inseguridades afecten a la salud mental de la población, porque la deriva actual traspasa todos los marcos y, desde una justicia que da ciertas muestras de no ser igual para todos y vulnera principios constitucionales como la presunción de inocencia y la prohibición de las investigaciones prospectivas, mucha tranquilidad no genera. Cuando empieza a ser mayoría la población que no cree en la imparcialidad de la Justicia de su país, malo, malo!…
Y para no aburrir más con las amenazas e inseguridades que nos acorralan, tan solo mencionaré de pasada la reforma que la U E se trae entre manos con el tema bancario y el la posibilidad de minorar y poner en riesgo la garantía de los depósitos.
De la poca o nula defensa de los intereses de los ciudadanos frente al poder de los lobbies, no hay más que ver la regresión de las garantías europeas frente a fertilizantes y pesticidas peligrosos, incluso con efectos cancerígenos probados, y cuya autorización permiten como el caso del Glifosato.


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