lunes, 3 de agosto de 2026

Un simulacro de debate sobre los sucesos del 28 de julio de 1936 en Baena







Antonio Bujalance Cantero
Colectivo Prometeo


Hace unos días Baena celebraba una fecha de indudable valor simbólico: Se cumplían 90 años de uno de los peores acontecimientos que ha vivido esta localidad, al menos en la Edad Contemporánea. Al respecto escribí un artículo, que muchos a través de las redes sociales consideraron poco menos que anacrónico, o sea que eso ya no interesaba a nadie. 
En cualquier caso, aunque nadie está obligado a leer nada que no le interese, las cifras de lectores del artículo lo desmienten. Varios miles de lecturas sumando los tres medios de Córdoba en que se publicó. Luego interés sí hay por conocer un relato de los hechos más aproximado a la verdad de lo que fue la burda manipulación efectuada por el franquismo.


Luego está también el argumento “clásico” de la derecha, según el cual hablar de esto es reabrir viejas heridas. Ha pasado ya prácticamente un siglo desde entonces. En este país ha habido muchas guerras civiles. Inmediatamente anterior a la que nos ocupa, en el siglo XIX, tres guerras carlistas; todavía antes la llamada guerra de “sucesión” que puso en el trono al primer Borbón; por no hablar de las guerras civiles que desangraron Castilla en las postrimerías de la Edad Media, descarnadas luchas por el poder que dejarían los dramas shakespirianos sobre los reyes ingleses (Ricardo III, por ejemplo) en un juego de niños.
Luego, cuánto tiempo debería pasar para poder hablar de la última guerra civil civilizadamente, tal como debemos o podemos hablar ya, creo yo, de las anteriores. Posiblemente, el problema está en la lectura que algunos han hecho de la Transición como un pacto de silencio. Y la Transición ciertamente optó por amnistiar posibles responsabilidades de los supervivientes de la guerra de 1936, que dicho sea de paso, es poco probable que quede ya alguno con vida.




Pero desde luego lo que no está ni en el espíritu ni en la letra de la Transición es Pacto de Silencio alguno. De hecho, los historiadores ya han hecho su trabajo y han dejado meridianamente claros, negro sobre blanco, los hechos. Otra cosa distinta es que ese trabajo de la “academia” haya llegado al público no especializado en historia contemporánea. 
Y eso fue lo que yo intenté hacer llegar al público no especializado, un artículo divulgativo de lo que la historiografía “seria” nos dice que pasó en Baena el 28 de julio de 1936. Digo seria y me refiero especialmente a Moreno Gómez y a Arcángel Bédmar. No me voy a basar en la historiografía franquista. Eso ya lo hacen otros.

Es pretendidamente salomónico otro argumento, según el cual el artículo que publiqué está bien, pero es sesgado. No lo creo, es un documento honesto y riguroso hasta donde conocemos los hechos. Creo que sabemos lo fundamental, quedan sólo detalles por clarificar. Cierto que se nota a la legua mi falta de sintonía con el franquismo y los sublevados. Pero me atengo a los hechos, a los datos corroborados y disponibles sobre lo que pasó, específicamente en un día aciago de 1936, el 28 de julio. No voy más allá de ese día, acaso cuatro apuntes a vuelapluma en modo contexto, y claro que pasaron muchas más cosas en los tres años que duró la guerra, pero eso daría para varios artículos más. Sería interesante que algún historiador o escritor local de derechas construyera, ya va siendo hora, un relato pegado a los hechos, a ser posible desde una perspectiva democrática. Sería bueno para este pueblo y para la sociedad española en general que la derecha dejara ya de atenerse “de pe a pa” a la versión distorsionada del franquismo. De nada por la idea.

Y por último, comentaré brevemente sobre aquellos que, en una exquisita equidistancia, sentencian que en ambos bandos se cometieron excesos. O incluso, que lo del Paseo del Ayuntamiento fue una respuesta a lo de San Francisco. Partiendo del convencimiento de que tan víctimas son unas como otras, esto último es fácil de desmontar: Las tropas golpistas no pudieron estar fusilando en el paseo el 28 de julio como respuesta a nada que ocurriera en San Francisco, sencillamente porque hasta el día siguiente no se enteraron de lo allí sucedido, ya que no tomaron el Convento hasta el 29. Supongo que si hubieran sabido que allí estaban asesinando gente se hubieran dado más prisa en ocupar la iglesia. Pudiera haber sido causa añadida de fusilamientos de días posteriores, pero no de los del 28 de julio de 1936 en la plaza del Consistorio. 
En cualquier caso, en mi opinión, no es comparable lo que hace un grupo de personas, desesperadas y angustiadas, a lo sumo miembros de milicias no del ejército o el gobierno republicanos, ante las noticias que les llegan de la represión iniciada por las tropas franquistas y que deciden tomarse la justicia por su mano, o vengarse, o como quieran calificarlo.

No se puede comparar, digo, con lo que fríamente ejecutó en el Paseo un ejército regular sobre población civil desarmada. En Córdoba, y otros muchos lugares, que no hubo la menor resistencia, la represión fue a veces peor; alrededor de 4000 fusilamientos en nuestra capital. Era lo que hacían sistemáticamente cuando tomaban una localidad, la forma habitual de proceder siguiendo las instrucciones al respecto dictadas por Mola.

Creo haber dado un rápido repaso a las principales aportaciones de tipo “correctivo” sobre mi relato en las redes sociales, aunque también he de decir que la mayor parte de mensajes que me han llegado por privado han sido positivas o aportando algún matiz, lo cual dice mucho de dichos espacios “sociales”. De ahí que, para terminar, incida en algo que me preocupa profundamente. Intentaré explicarlo de la forma más sencilla para que puedan entenderme, en la medida de mis posibilidades de lograr simplificar una idea compleja.

Mi hija que, por su formación académica, es muy aficionada a las lecturas de antropología y sociología cultural me recomendó para este verano un ensayo de Jean Baudrillard titulado “Cultura y simulacro”. Baudrillard forma parte de la fecunda escuela estructuralista francesa, que tantas aportaciones fundamentales nos dio en el campo de las ciencias humanas, la lingüística, la filosofía… a Lacan, a Foucault y a tantos otros. 
Pues bien, Baudrillard, que publicó el citado ensayo en 1978 y que murió en 2007, se hubiera quedado de piedra al comprobar que estaba haciendo una profecía que se ha cumplido cabalmente, cuando lo único que pudo atisbar fue el inicio de los reality shows, la televisión basura y esos debates, que después han degenerado hasta la náusea, donde una serie de “todólogos” expertos en nada, opinan sobre todo lo divino y lo humano.

Su tesis es que el símbolo ha dejado, en esta cultura del simulacro, de tener referentes; es decir que se hace autónomo y se desentiende de la realidad. Así pues, abundan terraplanistas, opinólogos y demás raleas del negacionismo de la evidencia científica, variadas tribus de “los hechos alternativos a la realidad”, con presencia cada vez más habitual en medios, tertulias y espacios públicos. Y dicen lo que se les antoja por absurdo y disparatado que sea, porque la realidad no es un referente en un discurso que ya no se referencia en ella. Y las masas, por inercia, absorben toda esa electricidad, desde lo social a lo político. En resumen, la lógica de la simulación no tiene nada que ver con la lógica de los hechos.

Y en esas estamos. En esas condiciones el debate, como intercambio de argumentos sobre los hechos, es imposible. Como dijo Manuel Azaña, último presidente de la II República, si al menos cada cual “hablara de lo que sabe y sólo de lo que sabe, se haría un gran silencio que podríamos aprovechar para estudiar”.


Dado que socialmente, si me han seguido, hay sólo un debate simulado, a nivel institucional la situación es igualmente deprimente. Este año, ante una fecha tan simbólica, el acto de homenaje a las víctimas que organizó el Ayuntamiento de Baena se hizo en esa misma plaza, vacía, en torno a las 17’30 horas, minutos antes del pleno ordinario de 30 de julio, con 40º a la sombra; un actito, a la sumo, para la prensa o para cubrir el expediente. Se ve que acostumbrados a tanto incienso no hay mimbres para organizar un acto civil digno, donde se honre con decoro a todas las víctimas del 28 de julio, una de las peores tragedias de la historia de este pueblo. Habrá que esperar, en el centenario, mejor suerte.

En esta coyuntura en que vivimos, donde millones de personas han perdido la capacidad de pensar y son conducidos mecánicamente al dictado de tópicos y eslóganes simplistas, cuando no falsos, lo más importante es estar preparados para entender los mecanismos manipuladores. Por eso, el mensaje no debe ser “Cree”, pues todo lo que yo digo aquí también debe ser puesto en tela de juicio. El mensaje es “Lee, infórmate, contrasta y saca tus propias conclusiones”.




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