Juan Rivera
Colectivo Prometeo
Cuando
el ejército estadounidense deja caer sus garras sobre el país que
en ese momento sea su “oscuro objeto de deseo” imperialista,
utiliza el término “territorio indio” (“in the indian
country”) para definir las operaciones que marines y demás ralea
perpetran una vez cruzada la frontera.
Automáticamente
envuelven sus movimientos en la bandera de conceptos grandilocuentes
tipo “libertad”, “democracia”, “defensa de los valores
occidentales” para así disimular ante las narices de los incrédulos
las violaciones de derechos humanos y daños “colaterales” (
léase víctimas civiles e inocentes) asociados a la iniciativa. Eso
sí , con el aplauso de los “ crédulos”.
Esa
forma de actuar se ha convertido en clásico tanto por su reiteración
como por su continuidad en el tiempo. De la matanza de
lakotas en Wounded Knee (1890) a la erradicación de los antiguos
aliados independentistas en Filipinas (1899-1902) , pasando por la
masacre de My Lai ( Vietnam, 1968) o el exterminio sistemático en
las guerras del Golfo e Irak ( de 1990 a 2011),los cadáveres de las
víctimas se acumulan hasta formar una cordillera. Cada vez que al
“hombre blanco” le ha dado por hablar “con lengua de serpiente”,como cantaba nuestro admirado Krahe, caen a miles.
En
todas las intervenciones subyace un patrón de funcionamiento
similar: los territorios-pueblos rivales se consideran colonias y a
sus habitantes individuos carentes de derechos a los que se niega la
humanidad plena. Mirada donde las haya de Capitalismo depredador.
Pues
bien, la introducción viene al caso ,”mutatis mutandis”
porque de esa visión - a poco que rasquemos la superficie y dejemos
atrás la grandilocuencia oculta tras palabras hueras, en estos
tiempos de Pandemia y zozobra- participan además del Capital internacional
no pocos de los políticos nacionales que se consideran sus lacayos.
Y la están aplicando en nuestras carnes.
Escuchando
las manifestaciones públicas de los Ayuso, Casado o Abascal de
turno ( tiemblo imaginando lo que esas boquitas dirán en la
intimidad, aunque sea hablando – como su admirado Aznar – en
catalán) pareciera que los conspicuos adalides ( en la
intimidad también prefieren el término “ caudillos” por
cercano y familiar ) del Neoliberalismo suscriben sin pestañear la
“mirada colonial”. A los trabajadores nos quieren en las
reservas. Hacinados, contagiados, sin derechos, sin voz…y
agradecidos.
Haciendo
uso de instituciones “ prêt à porter”. Siempre listas para
llevar/ defender sus intereses de clase sin importar que carezcan
de la más mínima ejemplaridad o legitimidad democrática ( que se
lo pregunten a la Monarquía o al Consejo General del Poder Judicial
para no ir muy lejos).
Hasta
el momento ¿ qué soluciones han puesto sobre la mesa la Derecha
patriotera a la que le queda tan lejos la idea de “ Nuestra Patria” como
lugar de convivencia que busca el bienestar de la mayoría ciudadana?.