Remedios Copa
Colectivo Prometeo
Hace tiempo que venimos insistiendo en la necesidad del decrecimiento, de parar el consumo compulsivo y el crecimiento continuo, la obsolescencia programada y la cultura de usar y tirar.
Se han hecho múltiples advertencias técnicas y científicas sobre las desastrosas consecuencias del modelo impuesto por el neocapitalismo salvaje que incluso se condenaba a su propia extinción.
La contaminación ambiental, la destrucción de la capa de ozono, el cambio climático y todo eso ya suena viejo, pero como lo único que importaba eran los beneficios económicos y la máxima especulación financiera posible, incluyendo en el lote la especulación con la producción y distribución alimentos y el agua del planeta, no se hizo nada para detenerlo. Lo único que contaba era maximizar la producción global al mínimo coste y no se frenó ninguno de los aspectos nocivos que nos llevaron a la situación actual.
La amenaza del cambio climático se veía como algo muy lejano y por tanto, pese a los diversos Foros en los que se abordó pocos países se comprometieron siquiera formalmente y menos aún fueron los que cumplieron con lo pactado. Y así llegan las grandes potencias a la COP26 sin haber cumplido con sus compromisos y, en lugar de haber reducido la huella de carbono, han aumentado en un 4% los niveles de CO2 en el año 2021.
Este es el resultado que los países más industrializados, el G20, presenta en la Cumbre del Clima en Glasgow. Se tome la fuente que se quiera tomar, esos son los resultados pese a la pandemia y al parón económico; incluso países como China, Indonesia, India y Argentina superan actualmente los valores previos a la pandemia. El índice de Climate Transparency responsabiliza a estos países de ser los responsables del 75% de las emisiones contaminantes globales.




































