Cuando el poder económico, dueño de los medios de comunicación de masas, sienten que sus privilegios son atacados, bombardean con toda clase de (des)información, mentiras y manipulaciones contra el partido o persona que ha osado poner en entredicho sus prerrogativas. No tienen ningún escrúpulo, no tienen ningún límite, porque saben que la extrema derecha política y mucha judicatura están a su servicio.
Destruir a ese contrincante político, que plantea, que propone, una sociedad más justa, más igualitaria, más democrática, es el medio que utilizan para continuar manipulando, adormeciendo y convenciendo a la ciudadanía que ese sujeto busca romper la realidad social, demoler “todo lo conseguido” en los últimos cuarenta años. Es su coartada. Reivindican el desastre de la falsa Transición para amedrentar y atraer a sus planteamientos (por desgracia lo consiguen) a una gran parte de esta sociedad que, en contra de sus propios intereses, defiende los postulados de los poderosos.
El compromiso social y político de Pablo Iglesias le fue transmitido por herencia. Familiares suyos sufrieron muerte, represión y cárcel por la dictadura. Muy joven tomó partido. Con 14 años ingresó en las Juventudes Comunistas y ya no ha dejado de participar activamente para intentar cambiar las injusticias sociales.


































